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¿Crisis o cambio?

 

Por lo general, asociamos las “crisis” con situaciones de cambios profundos, casi siempre imprevistos, y con importantes consecuencias en el horizonte inmediato de las personas, los grupos o las sociedades.

La palabra “crisis” deriva del griego “krísis” (decisión) y, esta, a su vez, proviene de “krino”  (yo separo, yo decido) y hunde susignificado en las profundas raíces del indoeuropeo.

En su origen, como muchas otras palabras, “crisis” era un termino relacionado con el campo, en concreto con la recogida del trigo, y estaba asociado al momento en que los agricultores separaban la paja del grano.

Es decir, “crisis” es una metáfora del momento crucial en que se separa lo importante (el grano) de lo superfluo (la paja).

De ahí que la palabra “crisis” haya derivado también en palabras como “criterio”, que es una condición imprescindible (tener criterio para decidir cuál es el grano, cuál la paja), para saber qué necesitamos para avanzar y mirar hacia el futuro.

 

Ahora, ¿la hora del cambio?

 

De repente, nos hemos dado cuenta de lo importante que es dar un paseo (un simple paseo), de lo maravilloso que es caminar y respirar, de lo saludable que es charlar mientras miramos al cielo, de lo reconfortante que es correr un ratito y estirar los músculos o de lo esencial que es abrazar y ser abrazados.

De repente, nos hemos puesto a hacer pan y pasteles, o hemos decidido llamar a un viejo amigo y preguntarle qué tal lo lleva después de tanto tiempo sin vernos.

Hemos aprendido (quizás, por fin) que para vivir, para vivir bien, no necesitamos consumir tanto ni tan constantemente.

Por ello, ahora que disfrutamos de un nuevo criterio, ahora que podemos separar el grano de la paja, discernir qué es importante y qué es superfluo, es el momento de cambiar nuestros hábitos y (innecesarias) costumbres

¿Para qué voy a viajar en avión o en tren de alta velocidad hasta esta o aquella ciudad, si puedo hacer online la misma reunión?

¿Para qué trasladarme en coche al trabajo todos los días, si puedo hacerlo solo uno o dos días a la semana?

¿Para qué preocuparme de renovar cada año mi armario ropero, si con unas cuantas prendas de calidad me basta y me sobra?

¿Para qué ir hasta una gran superficie comercial cuando puedo comprar a “granel”, mucho más cerca, sin plásticos de un solo uso, en el colmado / la frutería / la pescadería de mi barrio?

¿Y para qué asumir el coste meioambiental de hacerme traer a casa cualquier capricho desde miles y miles de kilómetros de distancia?

 

¿Para qué?

 

Con criterio, por el cambio y la transformación: menos consumo, de más calidad, más próximo, sin superfluos objetos de plástico de un solo uso y, siempre, más conscientes y respetuosos con el medio ambiente.