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Calentamiento global: ¿hay motivos para el optimismo?

 

En cuestiones medioambientales, hay momentos en que ser pesimista (muy pesimista) parece la opción personal más razonable.

Sin embargo, hay noticias (datos relacionados con el medioambiente) que los optimistas podemos utilizar para sostener que es perfectamente posible cambiar el rumbo de las predicciones más catastrofistas.

Veamos algunos de los datos que nos permiten ver una “luz al otro lado del túnel”:

 

En 2019, en España, se redujeron nada menos que un 69% las emisiones de CO2 (peligroso gas de efecto invernadero) derivadas de la quema del carbón, y pasaron de más de 33 millones a unos 10 millones de toneladas de CO2.

En total, solo en este año, se produjo un descenso de emisiones de CO2 del 33%.

Y bajando, porque también sus responsables presentaron solicitudes formales de cierre de térmicas de carbón en A Coruña, Almería, León, Teruel, Asturias y Palencia.

Cuando se cierren definitivamente, en la España peninsular quedarán activas únicamente tres centrales de carbón, en Asturias y Andalucía.

En cuanto a  las energías limpias, la instalación creció un 10%.

Casi un 37% de la electricidad generada fue renovable y en torno a un 60% estuvo libre de emisiones de CO2.

Sería bonito pensar…

 

Quizás sería bonito pensar que a los directivos y jerarcas de las grandes empresas responsables de la emisión de gases de efecto invernadero (grandes responsables del cambio climático y el calentamiento global) se les ha ablandado el corazón.

O, quizás, que han escuchado el clamor popular y han entendido, por fin, que el pan para hoy, es el hambre de mañana.

Sería bonito, pero poco práctico, porque si fuera ese el motivo del cambio, dependeríamos en exceso de los vaivenes emocionales de un puñado de individuos.

 

La “pasta” manda: no es bondad, es rentabilidad

 

Si desde el 1 de enero de 2019, se acabó la minería del carbón en nuestro país es por la falta de rentabilidad de los yacimientos nacionales y porque la normativa de la Unión Europea veta las ayudas estatales a esta actividad.

Si las empresas renuncian a esta fuente de energía, es…

…porque están obligadas por ley a efectuar grandes inversiones para ajustarse a la normativa medioambiental europea.

…y porque los precios de los derechos de emisión de gases (ahora, si contaminas, pagas) han pasado de una media de unos 6 euros por tonelada de CO2 en el 2017 a unos 25 euros por tonelada en el 2019.

Dicho de otro modo: «contaminar» está dejando de ser rentable.

 

Incentivar / desincentivar

 

Si lo que duele no es el corazón sino el bolsillo, continuemos por este camino, revirtamos la situación, exijamos a nuestros responsables políticos que les muestren a las grandes empresas el camino a seguir.

Si hay que incentivar o desincentivar, hagámoslo, demostremos al mundo que es posible, porque, a medio plazo, la gestión de las energías limpias puede resultar beneficiosa para todos: para los que invierten en ella, para los que la consumen… y para el habitante del más recóndito de los lugares del planeta.

 

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